Las ciudades subterráneas de Capadocia son asentamientos excavados en la blanda roca volcánica de Nevşehir, hechos para vivir en ellos durante largos períodos y para cerrarse ante un ataque. Derinkuyu y Kaymaklı son las dos principales de aquí, y Özkonak, Mazı y Tatlarin aportan cada una algo de lo que carecen las demás. Comparten el mismo equipamiento básico: túneles estrechos, pozos de ventilación, pozos de agua, despensas, lagares, iglesias y enormes piedras rodantes que podían sellar un pasadizo en un instante.

Por qué se excavaron

Sus fechas son inciertas. Para Derinkuyu las fuentes enumeran un uso en los períodos hitita, romano y bizantino, con un águila de mármol que apunta al período romano y la iglesia y la escuela misionera al bizantino. El relato que se ofrece allí es que los primeros cristianos, que huían de la persecución en el siglo II, llegaron a Capadocia a través de Antioquía y Kayseri. En Kaymaklı la historia es la de gentes que habían sido atacadas repetidamente y excavaron refugios para emergencias, y allí se han encontrado huellas frigias y asirias. Los túneles se excavaron más en los períodos romano y bizantino.

Derinkuyu: la profunda

Derinkuyu se encuentra en el distrito del mismo nombre, a treinta kilómetros de Nevşehir por la carretera de Niğde. Se han despejado y abierto ocho niveles. La profundidad actual es de cincuenta metros, y si se despejaran todos los niveles se prevé que alcance hasta ochenta y cinco, con unos doce o trece niveles en total. Los estrechos túneles entre niveles y las ruedas de piedra que hay a lo largo de ellos eran lo que la mantenía segura.

Kaymaklı: un plano construido en torno al aire

Kaymaklı está en la localidad del mismo nombre, en el distrito central de Nevşehir, excavada en toba a lo largo de ocho niveles. Cuatro están despejados e iluminados, y se abrieron a los visitantes en 1964. Su plano es un laberinto, pero tiene una lógica: los pozos de ventilación y de transmisión de avisos se trataban como el centro, y las salas se disponían a su alrededor. Los pozos de agua no tenían comunicación con la superficie, lo que protegía el agua contra el envenenamiento.

Las caballerizas están en el primero de los niveles abiertos, ya que habría sido difícil llevar los animales más abajo. El número de despensas sugiere una población numerosa. Las fuentes otomanas conocían el lugar por nombres griegos, Anaku o Enegüp, y localmente era Eneği.

Özkonak: orificios para mensajes

Özkonak está a 14 kilómetros de Avanos, excavada en una gruesa toba en el lado norte de Idis Dağı. Tiene los conocidos pozos, el pozo de agua, el lagar y las puertas rodantes, pero su rasgo propio es un conjunto de orificios muy estrechos, de unos cinco centímetros de ancho, que discurren entre los pisos. Transportaban mensajes de un nivel a otro, y dejaban entrar aire una vez cerradas las entradas de las salas.

Mazı: caballerizas y una iglesia tallada

La aldea de Mazı, la antigua Mataza, está a dieciocho kilómetros al sur de Ürgüp y a diez al este de Kaymaklı. Se han encontrado cuatro entradas independientes. La principal pasa por un corredor de piedras irregulares, con una gran puerta rodante y una pequeña sala excavada de modo que la piedra pudiera moverse. Unas amplias caballerizas conducen por un corto corredor a una iglesia, que también tenía una piedra rodante en su entrada y tiene un ábside tallado en una esquina con relieves en su cara. Se cree que existieron cuatro niveles, de los cuales pueden verse dos. Se cerró en 2003 tras unos derrumbes y volvió a abrirse en 2015.

Tatlarin: frescos y letrinas

Tatlarin está a diez kilómetros de Acıgöl, excavada en una colina conocida localmente como Kale. Fue registrada en 1975 y abierta en 1991, y la mayor parte de un complejo mucho más grande sigue sin despejar, con dos niveles transitables. El tamaño de sus salas y sus numerosas despensas e iglesias llevaron a los investigadores a preguntarse si era una guarnición o un monasterio y no un refugio corriente.

Un corredor curvo de quince metros conduce a un amplio salón protegido por una puerta rodante de piedra, de un metro y medio de ancho. A partir de él hay una despensa, una cocina y una letrina, algo raro en una ciudad subterránea. Los nichos de la despensa coinciden con los de las tumbas rupestres romanas cercanas, lo que sugiere que el espacio empezó siendo un cementerio. La iglesia subterránea tiene dos naves y dos ábsides, y sus frescos, con escenas enmarcadas por franjas pintadas, están inusualmente bien conservados.

Lo que las distingue

Kaymaklı, una de las mayores de Capadocia, resulta adecuada para quien se interese por cómo se planificaron la ventilación y el agua, y Derinkuyu muestra hasta qué profundidad podía llegar una ciudad así. Özkonak tiene sus orificios para mensajes, Tatlarin tiene sus frescos y sus raras letrinas, y Mazı tiene su iglesia y su puerta de piedra.

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