Pamukkale es una ladera de terrazas blancas de travertino en la provincia de Denizli, depositadas a lo largo de miles de años por el agua templada y cargada de cal de sus manantiales, y Hierápolis es la antigua ciudad balneario cuyas ruinas se alzan entre ellas. Ambas se ven en una misma visita, y la UNESCO las inscribió juntas en 1988 como sitio mixto, natural y cultural a la vez. Los minibuses que salen de la estación de autobuses de Denizli recorren los dieciocho kilómetros hacia el norte desde el centro de la ciudad. A continuación: cómo se forman las terrazas, qué ver en Hierápolis y su museo, y los demás lugares de Denizli que vale la pena añadir, de Laodicea a las aguas termales de Karahayıt.

Cómo se forman las terrazas blancas

El agua brota de un terreno kárstico a 35,6 grados, arrastrando calcio de las laderas meridionales del Çaldağı. Donde entra en contacto con el aire y se enfría, deja su cal en forma de toba calcárea blanca, amontonada en formas que parecen algodón. Con el tiempo esto ha levantado una serie de escalones, algo así como una cascada congelada en plena caída, con pozas poco profundas retenidas en los rellanos más llanos. Como la formación se daña con tanta facilidad, solo algunos tramos están abiertos para caminar y bañarse, y el resto de las terrazas está vedado para protegerlas.

Hierápolis, una ciudad construida en torno a sus manantiales

El ministerio atribuye la fundación de Hierápolis, probablemente en el siglo II a. C., a Eumenes II de Pérgamo, y se cree que su nombre procede de Heira, esposa de Télefo, fundador de Pérgamo. Las fuentes antiguas conocían la ciudad por su metalistería, su piedra labrada y sus tejidos. Bajo Constantino el Grande se convirtió en capital de la provincia de Frigia, y en época bizantina fue sede episcopal.

Sin embargo, los manantiales son la razón de su existencia. En época romana, los enfermos llegaban de toda Anatolia para tomar las aguas, y la ciudad se convirtió en un lugar de curación donde algunos pacientes se quedaban una temporada y otros el resto de su vida; las tumbas de la necrópolis pertenecen a personas que llegaron de otros lugares y nunca se marcharon. Las investigaciones que cita el ministerio sugieren que sacerdotes y médicos dirigían juntos los tratamientos, y que en los propios manantiales se celebraban ceremonias religiosas y festividades.

Lo que queda está lo bastante completo como para parecer una ciudad y no un montón de piedras dispersas: el teatro y los templos, el ágora y el gimnasio, fuentes monumentales y tumbas, y entre ellos el lugar que los romanos creían una bajada al inframundo. Aquí el baño se hace en pozas situadas entre los restos que siguen en pie, de modo que nadar en Pamukkale es también nadar dentro de Hierápolis. Para una estancia más larga, los establecimientos termales cercanos a la ciudad antigua ofrecen habitaciones además de agua termal, masajes y baños de barro.

El puente de San Felipe y el martyrion

En el lado oriental de Hierápolis, pasada la puerta de San Felipe, un puente de grandes bloques rectangulares de travertino, de doce metros de ancho en su punto más amplio, prolonga el trazado de la calzada enlosada que sale del centro de la ciudad. Solo su lado sur sigue en pie. Al otro lado, en lo alto de la colina, está el Martyrion de San Felipe. Junto al puente, al lado de un edificio octogonal que pudo ser un baptisterio, un tramo de escalones sube hasta el lugar donde fue enterrado San Felipe, que antes del periodo bizantino era uno de los principales lugares de peregrinación de Asia Menor.

El museo en las termas romanas

El Museo Arqueológico de Hierápolis ocupa las termas romanas de la ciudad, parte de un complejo que abarcaba también el gimnasio y la biblioteca en unos 14.000 metros cuadrados. Sus salas son las propias salas abovedadas de travertino de las termas, y abrió el 1 de febrero de 1984. La primera sala alberga sarcófagos y estatuas, en su mayoría de Hierápolis y Laodicea. La segunda sigue un orden cronológico desde el cuarto milenio a. C., empezando por la cerámica, los ídolos y los objetos de piedra que el Instituto Británico de Arqueología excavó en Beycesultan, cerca de Çivril, entre 1954 y 1959; las monedas siguen la misma secuencia, desde las primeras acuñadas en el siglo VI a. C. hasta los otomanos.

Laodicea, la ciudad comercial

Laodicea se encuentra seis kilómetros al norte de Denizli y ocupa unos cinco kilómetros cuadrados en el valle del Lykos, el actual Çürüksu, en el punto donde se unían Frigia, Lidia y Caria. El rey seléucida Antíoco II Theos la fundó entre 261 y 253 a. C. y le dio el nombre de su esposa, Laodice. Su riqueza procedía del comercio, sobre todo de los textiles y después del mármol, el grano y el ganado, y sus edificios lo reflejan: la gobernación provincial describe su estadio, de 285 por 70 metros, como el mayor de Anatolia, y la ciudad tenía además dos teatros, cuatro complejos termales, cinco ágoras y cinco fuentes monumentales.

Hoy se puede recorrer a pie buena parte de ella: 400 metros de la calle de Siria, la Puerta Bizantina Oriental con sus torres y su fuente, el ágora central, el Templo A, el conjunto de viviendas llamado Casa A, la iglesia de Laodicea bajo su cubierta protectora y 350 metros de la calle del Estadio. Busque las granadas, berenjenas y gallos tallados, que siguen siendo emblemas de Denizli, y las pesas de telar y el taller de tintes que vinculan el comercio textil de la provincia actual con el de la Antigüedad. Tras un gran terremoto bajo el emperador Focas, en algún momento entre 602 y 610, la ciudad fue abandonada.

Aguas termales y una cueva termal

Pamukkale no es el único lugar de la provincia donde el agua caliente ha dado forma al terreno. En Karahayıt, un barrio de Denizli, el manantial principal mana todo el año a cerca de 60 °C, y sus óxidos metálicos han teñido de rojo, verde y blanco unos 500 metros cuadrados de terrazas; los hoteles y pensiones del lugar utilizan tanto el agua roja como el barro termal. La zona de Gölemezli, en Akköy, al oeste del yacimiento arqueológico de Pamukkale y a 25 kilómetros de Denizli, tiene cuatro fuentes geotérmicas de entre 35 y 60 grados, una de ellas usada como baño de barro, y sus invernaderos se calientan con ese mismo calor subterráneo. La cueva de Kaklık, en la carretera de Ankara a treinta kilómetros del centro de Denizli, guarda dentro de la roca un agua termal clara con olor a azufre, con musgo y algas que crecen densos en las paredes húmedas allí donde llega el sol.

Más lugares alrededor de Denizli

Trípolis, en el distrito de Buldan, a orillas del Büyük Menderes, fue una ciudad fronteriza de Lidia donde se cruzaban los caminos procedentes de Esmirna, Pérgamo y Éfeso antes de continuar por Hierápolis y Laodicea. Se fundó como Apolonia, pasó a llamarse brevemente Antoniópolis cuando Marco Antonio visitó Asia Menor en el 41 a. C., y desde la época de Augusto se llamó Trípolis, por tres pequeñas comunidades que se unieron para formarla; las excavaciones han sacado a la luz su calle columnada, el ágora, una iglesia y una fuente monumental. Colosas, dos kilómetros al norte de Honaz y veinticinco kilómetros al este de Denizli, figuraba según Jenofonte entre las seis grandes ciudades de Frigia y quedó arruinada por un terremoto durante el reinado de Nerón; hoy es un túmulo que fue su acrópolis, con tumbas de cámara excavadas en la roca al norte.

El Honaz Dağı, un parque nacional de 9.429 hectáreas, está donde la vegetación mediterránea se encuentra con la flora esteparia del interior: se han registrado en él 964 especies, 122 de ellas endémicas de Turquía y tres que no se encuentran en ninguna otra montaña. Los pilotos de parapente utilizan el tramo entre el Çökelez Dağı y la zona de Pamukkale. En el distrito de Acıpayam, la cueva de Keloğlan, abierta a los visitantes en 2003, tiene una pasarela iluminada de 145 metros entre estalactitas, estalagmitas y columnas. En la propia Denizli, el Museo de la Ciudad ocupa los talleres de piedra de los años 1940 de una antigua escuela de formación profesional, diseñados por el arquitecto Selçuk Milar, con nueve salas sobre el pasado de la ciudad; y la Casa de Atatürk y Museo Etnográfico conserva el estandarte bordado bajo el cual el muftí Ahmet Hulusi Efendi llamó a la ciudad a la resistencia el 15 de mayo de 1919, el mismo día en que las fuerzas griegas ocuparon İzmir. Cada lugar tiene su propia página en este sitio con los datos de la visita.

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