Safranbolu se encuentra en el noroeste de Anatolia, en la región que los antiguos llamaban Paflagonia, y su pasado conocido se remonta a hacia el 3000 a. C. En este país entre el Kızılırmak y el Filyos dominaron, uno tras otro, los hititas, los frigios, los lidios de manera indirecta, los persas, los reinos helenísticos del Ponto, los romanos, los selyúcidas, los Çobanoğulları, los Candaríes y los otomanos.
La colina donde se alza hoy el museo de historia de la ciudad, la antigua sede del gobierno, quedó bajo firme control turco en 1196, tomada por Melik Muhiddin Mesut, hijo del sultán selyúcida Kılıç Arslan II. La localidad cambió de manos no solo entre civilizaciones, sino también entre turcos y bizantinos, e incluso entre los principados turcos y los otomanos.
Lo que sabemos de aquella época procede de documentos de archivo y, sobre todo, de los viajeros. Ibn Battuta dejó constancia de su estancia en el castillo de Safranbolu durante la etapa de 1332 de su viaje por Anatolia, y su relato del encuentro con Ali Bey, hijo del gobernante candarí Süleyman, es breve pero elocuente. Sus notas importan sobre todo por lo que describen sobre el terreno: el castillo como puesto militar, el barrio de Kalealtı situado debajo y el barrio de Cami-i Kebir.
Los edificios llegaron con los Candaríes. Süleyman Paşa sometió Safranbolu a su dominio en 1326 y dotó a la localidad de los edificios religiosos y civiles más antiguos que aún se conservan aquí: el baño, la medrese y la mezquita. Los otomanos probablemente la tomaron por primera vez en 1354, bajo Şehzade Gazi Süleyman Paşa, hijo de Orhan Gazi; después volvió a pasar a manos de los Candaríes, y el dominio otomano quedó asentado definitivamente en 1423, bajo Murad II, cuando Safranbolu pasó a ser un kaza del sancak de Bolu. Las casas otomanas de madera que llevaron a la localidad a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, el han y el baño de Cinci, y la cueva de Bulak tienen cada uno su propia página más abajo.














