El pasado de Bergama se remonta al 3000 a. C. y su nombre conocido más antiguo es Pérgamo (Pergamon). Perg, o berg, significa montaña, colina, alto, lugar de difícil acceso; ese es su sentido en luvita, una de las lenguas anatolias más antiguas, y dice con claridad que la ciudad se fundó en la colina de la acrópolis. El nombre es Pergamon en latín, Bergame en francés y Bergama en turco.
Según el mito, la ciudad fue fundada por un hijo de Heracles y tomó su nombre de Pérgamo, descendiente del héroe troyano Aquiles.
El primer registro histórico de Bergama figura en Jenofonte. De regreso de Anatolia a Grecia, se detuvo aquí durante un tiempo y arrebató la ciudad al gobernador persa Asidates. Alejandro de Macedonia la tomó en 337 a. C. y, tras la batalla de Ipsos en 301 a. C., fue ocupada por Lisímaco, el gobernante de Tracia.
Una derrota creó un reino. Lisímaco fue vencido en Sardes por su propio comandante Filetero, y Filetero, que poseía nueve mil talentos de botín de guerra, sentó las bases del reino de los Átalidas, que comenzó en 283 a. C. y duró ciento cincuenta años: Eumenes I, Átalo I y sus sucesores. La acrópolis, el Asclepeion, la Basílica Roja y el museo de Bergama tienen cada uno su propia página aquí; en conjunto figuran en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como el paisaje cultural de múltiples capas de Bergama.





